Enrique Alcat

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Cuando tres personas que no se conocen entre sí te escriben a primera hora de la mañana para informarte sobre un asunto es que debe ser importante. Como suele ser habitual, nada más conocer la noticia he acudido a Twitter para contrastarla. He monitorizado el nombre de usuario en cuestión, y he podido ver una catarata de tuits hablando sobre la información en cuestión. Posteriormente, he acudido a Facebook, donde he visto las últimas interacciones entre los amigos del protagonista y el muro de éste.

Sin embargo, en esta ocasión no se trataba de un escándalo político, ni de una celebrity en apuros, sino de un amigo. Ha muerto Enrique Alcat. Mi amigo Enrique Alcat. Y me he enterado a través de Whatsapp. ¿En qué mundo vivimos?

Conozco a Enrique desde hace más de un lustro, en mi época como periodista. Por aquel entonces, él ya era toda una eminencia en formación de portavoces y gestión de crisis, además de un autor reconocido en este microcosmos que es el mundo de la Comunicación. Precisamente, por su faceta como escritor pude entrevistarle en 2009, y desde entonces no hemos dejado de mantener el contacto…hasta hoy.

A partir de ese primer encuentro profesional surgieron otros, ya como consultor de comunicación digital. Almuerzos, cenas y charlas interminables, en las que incluso teníamos tiempo para jugar al billar. Comida asiática sofisticada o un cocido madrileño: cualquier excusa era buena para pasar un buen rato y “ponernos al día”.

Enrique Alcat jugando al billar con Pablo Sammarco

Enrique Alcat jugando al billar con Pablo Sammarco

De Enrique siempre recordaré que le gustaba hablar mucho de sí mismo, pero lo hacía con gracia y sin caer en la pedantería. Es normal: tenía mucho que contar…y que enseñar. De Enrique también me quedaré con su buen rollo y ganas de echar una mano cuando podía, sin  pedirte nada a cambio (bueno, miento: que le invitaras a comer con una buena botella de vino tinto). De Enrique siempre destacaré esas charlas futboleras en las que él, del Barça, y yo, del Atleti, aprovechábamos para criticar al enemigo común.

Otro punto de inflexión en nuestra relación fue cuando quedamos a comer y me informó de que iba a dirigir el Programa Superior de Gestión Empresarial y Dirección de Comunicación del Instituto de Empresa y Dircom, justo un año después de que mi promoción se graduase. “Pues vaya suerte he tenido”, le dije; “si lo sé me espero un año para apuntarme”. Enrique tenía las ideas claras y supo elevar – aún más- el posgrado más prestigioso de nuestro sector, incorporando al claustro cracks como otro gran amigo común, Joaquín Mouriz, entre otros.

Ahora no está, y yo le echaré de menos.

Hasta siempre amigo

Last modified: 25 Diciembre, 2016

2 Responses to " Enrique Alcat "

  1. Me acabo de enterar y me he quedado sin palabras… De piedra. Descanse en paz.

  2. Qué bonito Pablo. Qué dura es la vida cuando se va alguien como Enrique.Y cuanto, estas pérdidas, nos enseña a vivirla cada día con la mayor intensidad. Un fuerte abrazo amigo

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